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lunes, 8 de abril de 2013

Escribir para cambiar el mundo


Rezo a diario para que el dinero y los elementos materiales no apaguen la llama de la humildad que habita en este cuerpo. Tengo mi mejor arma para combatir cualquier guerra que quiera apagar esa llama, una lapicera para mis anotaciones callejeras que el intelecto no quiere dejar olvidar y un papel, cualquiera sirve, a veces hasta las manos como en aquella loca película del marqués que escribía en su cuerpo. Todo sirve para el sano registro de nuestras vivencias cotidianas inclusive ir sentado en el fondo del bus. 

A diario necesito alguna hora para desmenuzar el alma sensible y regalar palabras. Ha sido lo que he aprendido a hacer como un lindo aprendizaje de la educación. No sé si con el mejor glamour de los literatos del clan, ni siquiera ser parte de él parece ser necesario. Poco me gusta el lucro por lo que, ni siquiera, es algo que pretendo. No sé en qué capsula navegaba antes de esta pasión que no le había prestado atención alguna.

Rezo no muy seguido, quizás debería hacerlo más, para que el poder, si es que a veces me lo da la escritura, puede enceguecer la punta de mi unicornio azul raza bic que siempre lo pierdo pero hoy abundan varias tropillas.

Mientras el mundo busca la paz haciendo guerras y mucha gente la obtiene de otras muchas maneras, escribir es hoy por hoy el único modo que he encontrado de estar en paz con mi cabeza. Encuentro paz en esa galaxia gutemberg escribiendo, leyendo y también en el entorno que fabrico con las palabras. Narrar historias de nuestra vida puede servir, me he dado cuenta, quizás para ayudar a tantas almas perdidas a sentir nuevas sensaciones y a recordar algún fin olvidado. 

Sin necesidad de considerarnos mesiánicos, si puedo ayudar combinando letras y descargando historias extraordinarias de nuestro pasado y sus peripecias a alguna alma sedienta de un poco de esta agua y saciar un poco su sed ya habremos logrado cambiar nuestro mundo. Es obligación darnos cuenta que no hay nada mejor que la escritura para olvidarnos del mundo materialista y de saber que compartiendo sencillez y escuchando a los humildes hay más riqueza que todo el oro que habita en este mundo.  


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